martes, 29 de marzo de 2011
¿Organización o Institución?
Una de las características del mundo moderno es que está compuesto por organizaciones, que se encuentran cada vez más interconectadas e interdependientes. Esta situación es la que Krieger llama la «sociedad organizacional» (2001, 3). Es decir, empresas, sindicatos, partidos políticos, iglesias, entidades educativas, militares, policivas, físicas y virtuales que se complementan, brindan servicios en paralelo, compiten, se retroalimentan, crecen y se transforman, transformando a la vez el mundo y las relaciones interpersonales y sociales.
Estas organizaciones se mueven en un ambiente caracterizado, entre otras cosas, por la competencia en la búsqueda, consecución y uso de recursos, y por la lucha de poder. No solamente es la competencia empresarial por la cuota de mercado, sino también, por conseguir financiamiento, por conseguir personal capacitado, por desarrollar nuevos productos y, desde luego, por el uso de los escasos recursos naturales. Adicionalmente, las organizaciones se mantienen en una constante lucha por ser reconocidas, por ocupar un lugar en la mente de los diferentes públicos, por influir en las decisiones de otras organizaciones (probablemente de organizaciones gubernamentales), es decir, por ejercer poder sobre la sociedad dentro de la cual están inmersas.
Las organizaciones u organismos son entidades que «proporcionan una estructura a la interacción humana” (North, 2006: 15) y le «permiten cumplir su papel en la división social del trabajo» (Romero, 1999: 22). Las organizaciones son los «jugadores» de la interacción social. Dentro de esta definición se incluyen en las organizaciones a los cuerpos políticos, (el Senado, el cabildo, una agencia reguladora), cuerpos económicos (empresas, sindicatos, fincas, cooperativas), cuerpos sociales (iglesias, clubes, asociaciones deportivas) y órganos educativos (escuelas, universidades, centros vocacionales de capacitación. Si las organizaciones son los jugadores, las instituciones son las reglas (North, 2006: 15). Por lo tanto, resulta conveniente detenerse en la definición de «institución».
Instituciones
En el lenguaje cotidiano, organización e institución son dos términos que se suelen emplear en forma indiscriminada. Pero, para los nuevos institucionalistas, las instituciones son las reglas, las normas, las restricciones formales e informales que reducen la incertidumbre dentro de la sociedad. Las instituciones incluyen las Constituciones y las leyes (limitaciones formales) y los acuerdos y códigos de conducta (limitaciones informales). Así mismo, las instituciones son creaciones humanas, evolucionan y son alteradas por humanos (North, 2006: 16). En este orden de ideas, las instituciones son construcciones sociales de la realidad, fundamentales para el desarrollo de las sociedades.
Para los nuevos institucionalistas las relaciones simbióticas entre los actores y las instituciones moldean los objetivos individuales (Romero, 1999: 21). Las instituciones, por lo tanto, contribuyen a la construcción de la realidad social y en particular de la vida cotidiana.
jueves, 24 de marzo de 2011
¿Se puede definir cultura?
El término cultura es multidiscursivo (O´Sullivan, 1997). Cada investigador, cada ciencia, cada analista, en cada país, en cada idioma, define cultura de acuerdo con los criterios que más se acomodan a su circunstancia. De acuerdo con Kraaykamp y van Eijk (2010) al ser multifacético y multianalítico, el tema del capital cultural suele ser objeto de debates y de investigaciones, muchas de las cuales emplean en forma parcial el término y lo toman como si fuera el todo (209).
Kraaykamp y van Eijk, tomando como referencia los estudios clásicos de Bordieu sobre el acervo cultural, se refieren a los estados mental y corporal de la cultura. El estado corporal apunta a la creación o construcción cultural. Tanto los bienes materiales como los inmateriales que constituyen la cultura se encuentran ubicados en este concepto. No obstante, para que estas creaciones sean incorporadas al acervo cultural, deben tener un desarrollo que solo se puede evidenciar a lo largo del tiempo. Las creaciones son culturales, si y solo si, están incorporadas a la mente humana, están integradas a la persona, hacen parte de los hábitos y, por lo tanto, se pueden transmitir de una generación a otra.
El capital cultural, transmitido a lo largo de las generaciones, se transforma en instituciones, esto es, se convierte en una serie de normas, comportamientos y actitudes que son consideradas como correctas y que son aceptadas por toda la sociedad.
Kraaykamp, G., & van Eijck, K. (2010). The Intergenerational Reproduction of Cultural Capital: A Threefold Perspective. [Article]. Social Forces, 89(1), 209-231.
O'Sullivan, T., Harley, J., Saunders, D., Montgomery, M., & Fiske, J. (Eds.). (1997) (Única en español ed.). Buenos Aires: Amorrortu Editores
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